Es hora de partir.
El 2006 ha sido un año malo rematado con un broche espantoso. Sólo queda imaginar que el 2007 sea mucho mejor, sin perder de vista que, probablemente, sólo pueda ser tan bueno como cada uno de nosotros decida hacerlo. Yo estoy dispuesta a hacer que sea el comienzo de algo mucho mejor.
A todos los que me han estado llamando estos días: os quiero, a cada uno de vosotros. Siento no dejarlo claro más a menudo. También siento no haberos cogido el teléfono a casi ninguno, pero tenéis que entender que ahora mismo no puedo responder diez veces al día a la pregunta: "¿Cómo estás?". Ya iremos hablando. Contesto mails. O lo intento.
Básicamente, estoy aún muy sorprendida. Quizás más dolida y enfadada de lo que me esperaba, quizás mucho mejor de lo que muchos imaginaban. Pero estoy bien, y voy a estar mejor. Porque muchos aún no me habéis visto demostrar nunca lo fuerte que soy, ni los cojones que soy capaz de llegar a echarle.
Qué remedio.
Caperucita decía ayer que esto es la Era de Acuario: la verdad es que me esperaba algo más japi, como lo que cantaba Raphael (
mister cristal revereishon), pero habrá que joderse, tomárselo todo como un Club de la Comedia continuo (porque, cada día más, la realidad supera a la ficción y luego le da patadas en la boca) y tirar p'alante, con la esperanza de sacar cosas buenas de toda esta mierda. Queda clausurado el Año de Mierda, también llamado el Año de las Rupturas Absurdas y las Crisis Personales y Económicas. Alegraos, pues empieza el Año de la Superación Personal, el Reencuentro con las Viejas Amistades y los Nuevos Hábitos. Quiere saber más, pregúnteme cómo.
No quiero volcar aquí mi corazón ni mis tripas, y por eso me voy, de momento. Sólo quiero que sepáis que estaré por aquí, aunque quizás menos que de costumbre, y que volveré a empezar, en algún otro momento: cuando todo lo que escriba no lleve bilis. Por el camino, quizás haga alguna parada en vuestro sofá-cama, que es una afición que tengo olvidada.
Nos vemos. Y cuidaos mucho.